Perfección

 


Carta abierta a la mamá que intenta llegar a todo (y está cansada)

Quizás hoy no parezca el mejor momento para decir que me siento desbordada. Con todo lo que pasa en el mundo y la compleja realidad de mi querida Venezuela, a veces siento que nada de lo que pueda decir sobre mi vida tiene derecho a ser un problema. Siento que lo tengo todo y que me estoy quejando.

Sin embargo, aquí estoy. Tengo la computadora en la mano y apenas diez minutos antes de que Lena se despierte. Porque el cerebro y el cuerpo no entienden de contextos geopolíticos cuando el cansancio acumulado toma el control de forma inconsciente.

El meme que se convirtió en realidad

No sé si han visto ese meme en redes que dice algo como: “Mi mayor rasgo tóxico es que quiero estar 100% presente para mi bebé, pero también quiero tiempo para mí. Quiero trabajar y hacer crecer mis proyectos, pero no todo el día, porque quiero disfrutar a mi hija”.

Bueno, exactamente en esa encrucijada me encuentro hoy.

Me cuesta muchísimo aceptar que en este momento no puedo dedicarle el tiempo que quisiera a mi autocuidado ni a mi marca personal. Estoy transitando una etapa de la maternidad que demanda toda mi atención y mi energía física. Llevo más de un año sin dormir una noche de corrido y, durante el día, los momentos de paz son casi inexistentes. Cuando esta rutina se prolonga en el tiempo, la frustración inevitablemente empieza a asomar.

Criar sin red: la realidad detrás de las 8 horas en solitario

A veces, al abrir el corazón con alguien cercano, la respuesta inmediata es: “¿Y por qué no la mandás a la guardería?”. En ese momento me ofendo, porque siento que lo expreso de una forma que hace parecer que quiero tener a mi hija lejos. Y no es eso. Amo profundamente mi rol como mamá, amo esta etapa de Lena y agradezco la vida cómoda, sin carencias y llena de amor que tenemos.

Aquí quiero hacer una pausa muy importante. Tengo a mi lado un esposo espectacular que ejerce su paternidad a la par. Cuando él llega a casa se súper involucra y está con la bebé. Si digo que en esos momentos no tengo una hora para mí, no es porque él no me la dé; es porque uso ese tiempo para bañarme en paz o para adelantar las tareas de la casa. Y elijo hacerlas en ese momento porque me gusta hacerlas a mi modo, con tranquilidad y sin interrumpir las rutinas de la bebé.

El verdadero desafío es que no tengo a mi familia cerca. No cuento con una red de apoyo extendida a la cual acudir durante el día. Me refiero a esas 8 o 9 horas en las que mi esposo está trabajando y me encuentro completamente sola con la demanda de la casa y de nuestra hija, sin una hora extra para poder simplemente descansar, respirar un momento o avanzar en mis proyectos. Solo necesitaba desahogarme.

Ansiosa en reforma y el poder de frenar

Sé perfectamente que lo realmente valioso es el presente. Sé que mis proyectos profesionales pueden esperar un poco más, mientras que la etapa de bebé de mi hija pasará volando. Pero como soy una ansiosa en reforma, asimilarlo e integrarlo en el día a día me cuesta un montón.

Hace poco empecé a leer El poder del ahora. No logro avanzar rápido, voy a paso de tortuga. Pero quizás, pensándolo bien, es así como debo leerlo: despacio, digiriendo cada página para poder entenderlo de verdad y luego ponerlo en práctica en este caos hermoso.

Escribo esta carta abierta solo para recordarte que, si estás pasando por un momento similar, si sentís que querés abarcarlo todo y el cuerpo no te da, no estás sola. Está bien no poder con todo todo el tiempo.

Comentarios

Entradas populares